Sigo sin poder correr ni trabajar por un problema en la rodilla. Y por lo tanto, tengo mucho tiempo para ver cosas interesantes: documentales, películas, series, programas de la tele, etc. Y luego comentarlas.
En esta última categoría, en los programas de la TV he invertido más tiempo. Especialmente en dos: la entrevista de Jordi Évole a Pedro J. Ramírez, recuperando el formato veraz y creíble de "Salvados" y la de Ana Pastor a Marine le Pen.
No sé si como antesala de los Óscar, tuve la oportunidad de gozar con el relato, interpretación y maravillosa sonrisa socarrona del primer entrevistado. Con la salvedad y la diferencia de que a Pedro J ya le habían dado el premio antes de su papel de El Bueno, el Feo y el Malo como actor protagonista, global y acaparador de personajes. Pidió disculpas, encarnó el héroe que pudo ser y se empeñó en no ser. Nos narró que (no) hizo caer a algún que otro gobierno y construyó tramas irreales de conexiones que nadie más ha visto. Bueno miento. Alguien más las vio en su momento: su compadre Jiménez Losantos y sus maleducados secuaces.
Pero insisto, para cuando se quiso dar cuenta el malo, el feo y el bueno de Pedro J, ya estaba en casa y con "el premio" de su despido encima de la repisa de la chimenea y el bolsillo lleno. Aunque se atrevió a dar el enésimo grito de auxilio al asegurar que "devolvería el finiquito (éste sí que fue en directo y sin simulaciones) por recuperar mi puesto y hacer el periódico de mañana".
Ya era tarde. Las prisas de las empresas por ser rentables hoy y mañana no entienden de los méritos de ayer. Y es que España no se puede entender sin una cabecera como El Mundo, para lo bueno y para lo malo. Si hay rojos y azules, en la prensa pasa o debería pasar igual. Aunque a Pedro J le vaya más la marcha "hiperanimada" del mundo rosa de Agatha Ruíz de la Prada. Y es que el entrevistado de ayer de Évole fue víctima de su propio éxito.Tener tanto poder para influir en la opinión pública, hace que quienes se beneficien de tu credibilidad deban prescindir de ti cuando ya no les aportas ese plus necesario que da la opinón publicada. Sólo el Rey puede bromear con ser "amigos o enemigos" cuando lo que aparece en las páginas del periódico que diriges te están puteando (aunque eso fuese hace 20 años y el monarca aún gozaba del privilegio del silencio periodístico de España y del mundo en general).
Debo corregirme. También hay otros personajes que pueden presumir de ponerle la otra mejilla (aunque sea para recibir cachetes de menor agresividad y algún que otro beso, siempre en términos metafóricos, o no) al ex director de El Mundo: el compañero de pelotas de Padel y ex presidente del Gobierno, José María Aznar. A quien su máxima ofensa fue la de culparle de no tener el carisma para englobar las características de un líder sólido. Pues menos mal, oiga.
Bromas a parte, me pareció descafeinado el duelo de titanes que se vio ayer en laSexta: Pedro J aún debe conceder más entrevistas para sacarle jugo a su recién estrenado puesto de ex director de El Mundo y Jordi Évole debe seguir sonriendo de más para volver a ser el chico majo que hace preguntas incómodas y tenía credibilidad (para mi nunca la perdió y mucho menos por arriesgarse la semana pasada con lo del 23-F y la conspiración del falso Golpe).
Más preocupante me pareció el programa de Ana Pastor, sus entrevistas y los datos que en él se vertieron a la audiencia. Para Marine Le Pen no tengo palabras. Esta sí que es la mala de todas las películas. Declaraciones como "hay que cerrar la puerta a los inmigrantes (españoles también)" o "ya no caben más inmigrantes en Europa" sólo me provocan una respuesta: las únicas personas que ya no caben en Europa son las insolidarias, las racistas, las que no ven el drama humano por el que están pasando miles de seres humanos que arriesgan todo por tener una oportunidad. La única que sobra es usted señora Le Pen. Y sé que no es una voz que se escuche poco y que no tenga acogida. El aumento de la extrema derecha es tan considerable que hay que tomarse en serio sus discurosos, sus gestos y sus actos. Descubrir qué papel están interpretando cuando hablan de "pienso primero en mi pueblo".
El personaje de Le Pen hija, también de sonrisa maravillosa y estupendo tono francés para su cabello rubio, recuerda a la amabilidad de los dictadores y a la necedad de conseguir representación política a través de los votos de la gente para luego ignorar lo que la gente quiere y necesita. Es crear la necesidad de tener seguridad ante los miedos que da la solidaridad y la cooperación.
Además, la señora Le Pen, viste de euroescepticismo su visión racista de atajar la inmigración, la economía y las relaciones diplomáticas. Cierre de fronteras y vuelta a la moneda nacional (y que conste que esto no lo hubiese visto mal en su momento para una solución al problema financiero español, un farol a la banca. Si caemos, caemos todos. Pero más vale vivir arrastrados por el fango y sin derechos que no vivir, debieron pensar los dirigentes socialistas y populares en su momento).
Pero de la política francesa ultraderechista, me impresionó cómo se puede defender unas ideas tan retrogradas con una sonrisa tan amable y seguir defendiendo que eres menos de derechas de lo que te etiquetan. Yo creo que los que la han definido se quedan cortos. No es un peligro para la democracia. Es la antítesis a ella. Y a pesar de ello, Marine merece un Óscar a la mejor actriz de reparto. Y como los europeos (y entre ellos, especialemente los franceses), te den cancha, vas a repartir pero de verdad. Ostias como panes y no de comer, pero sí para todos.
Lo dicho, que ayer fue un domingo de cine. En algunos momentos fue cine de comedia y en otros de terror. Pero los actores estaban tranquilos porque ya habían recibido los premios antes incluso de estrenarse las películas.
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