Cosas que pienso cuando corro
martes, 9 de junio de 2020
Te juro que volvería!
miércoles, 15 de enero de 2020
"Arriésgate, ésa es siempre la respuesta"
sábado, 4 de enero de 2020
La gracia
domingo, 2 de septiembre de 2018
Un verano que duró todo 2017
Él quería decir palabras grandes que sonaran a historia de amor. Ella quería sentir lo que no estaba sintiendo. Él quería un amor de película. Ella, simplemente no quería sentirse absurda.
Ambos mentían a medias y se engañaban con certezas de piel y sudores. Tenían las horas contadas, los días adversos, la dificultad impregnada en el reverso de la mano.
Decidieron creer en un cuarto misterio. Ya estaban ellos dos y la extraña historia que les había llevado a compartir aquellas semanas. Un día más, ¿por qué no? Una noche más no les haría daño.
Una mentira de más. Un suspiro de franqueza a destiempo. Pero el reloj fracasó. La vida no era un verso de Neruda. Era más bien un capítulo de El jugador, de Dostoievski.
Apostaron. Perdieron y ganaron cuando lo hicieron. Pero pensaron, al tiempo, que quien no arriesga, no gana. Se recuerdan en la distancia.
Se persiguieron durante semanas. Se amaron a escondidas con la fecha de caducidad escrita en los labios y con todo se burlaron de la felicidad y la tristeza a la vez. Las dejaron a un lado en ese momento de ser y estar juntos.
Pero septiembre siempre acaba por llegar y las playas infinitas acaban siendo el reloj de arena más grande del mundo.
Las noches de besos y sexo entre dunas a la luz de la luna, también vencen cuando agosto deja paso al tiempo de las vueltas al cole y a la rutina de la capital.
Se permitieron el lujo de no despedirse. No sabían que esas mismas lágrimas de pre-otoño nunca se derramarían. ¿Para qué?
La historia es que se siguen acordando con la piel erizada ella, cuando él la tocaba por debajo de la falda mientras conducía su coche descapotable de camino a la fiesta que su amigo en común, Maik, organizaba en el chiringuito.
Él se ruboriza y se sonríe con media mueca cuando le viene a la memoria aquella escena lujuriosa en la que se masturbaron mutuamente con tantas ganas que los vecinos tuvieron que llamar a la policia por el griterío, las voces, el escándalo. La envidia, que es muy puta.
Las ganas lo inundaban todo, tanto que no existía el dolor ni el agotamiento. Se volvieron ninfómano y ninfómana durante aquel verano que duró todo un año: 2017.
El año de la garrapata en las entrañas.
viernes, 24 de agosto de 2018
Con los ojos cerrados
No sabía cómo afrontar aquella discusión. Todavía le daba vueltas a lo expresado por ambas partes unas semanas antes, en una situación parecida. Intuía que en algún momento tendrían que poner las cartas boca arriba y descubrir a qué estaban jugando.
Pero esta vez de verdad. Para dar "la puntilla" a "aquello" que habían empezado o salvarlo del naufragio, como otro simple recuerdo más, en el mar de los barcos hundidos. Se dijeron mentiras piadosas hasta el punto de creérselas mutuamente.
Recíprocamente se aceptaron el engaño por el que era tan placentero el hecho de dormir juntos cada lunes y jueves de semanas alternas. Los niños, el trabajo, los entrenes, los amigos, los imprevistos, los desengaños de todo el día, las ganas, la necesidad, la falta de apetito, la gula y el deseo.... Todo ello y alguna historia más a parte, iban marcando la fascinante rutina de una especie de montaña rusa en la que las sensaciones de contradicción y certeza se aunaban en la piel de ambos. Nada es tan seguro como un beso con los ojos cerrados...Pensó él... Y ella!! Pero nunca lo confesarían...
Tras la discusión y el aclaramiento de sus posturas, allá por el mes de diciembre, no hubo más besos entre ellos. Los hubo de otros y otras, incluso con otros y otras... Pero nunca fueron los mismos. Los besos con los ojos cerrados y el latido en la garganta nunca fueron igual, nunca fueron los mismos. Ni mejores, ni peores. Distintos. Con otro sabor, quizá un sabor ya de antes, un sabor conocido, un sabor viejo y envejecido. Quizá fueran los besos que merecían. Quizá, solo quizá fueran los besos a los que tenían que llegar tras la discusión y el golpe de realidad que evidenció aquella discusión de diciembre.
Menos mal que llegó el verano.
Julio y agosto.
Reapertura de alas. Las piernas ligeras. La sonrisa en la cara. El corazón predispuesto. Las manos preparadas. La piel erizada y los poros abiertos. La vida ha llegado para quedarse sin preámbulos ni preliminares. Pensó él.
Sexo sádico, sucio, sincero, sabroso, sonoro, satírico, sobrenatural, soberbio y sano... Pensó ella.
"La vida, que tiene sus cosas de vivir, espero que no acabe nunca..."
Se confesaron ambos, antes de morderse los labios, antes de fundirse en un beso, con los ojos cerrados.
viernes, 11 de mayo de 2018
Puedo aprender
"Píntame la cara con el color de tus labios, bésame sin tiempos, sedúceme con tu paciencia, enamórame sin pretenderlo, víveme con el recuerdo como pretexto, desaparece sin escrúpulos. Ten en cuenta que no te necesito. Solo te quiero. Si quieres, claro. Puedo intentarlo una vez más. Aprender.
Puedo hacerme el tonto un par de veces al año, descongestionar mis entrañas con gemidos extraños alguna que otra noche de ausencias tuyas... Pero si no me demuestras nada más, desapareceré de tu pelo, de tu sonrisa, de tus verbos, de nuestra suite de hotel céntrico... Si no quieres nada más, vuela que ya somos bastantes en esta barcaza que cruza el río. O, ¿a caso crees que esto era un cheque en blanco eterno?"
jueves, 10 de mayo de 2018
"Una intensidad que pocos pueden comprender"
Él, no bajó a seguirla más allá de su rellano, "¿para qué?" Se preguntaba. Si ella quiere, volverá. Si no, no. No la voy a convencer de nuevo. No la puedo convencer o engañar siempre - se decía a sí mismo, mientras se colocaba bien las mangas y el cuello del pijama.