viernes, 28 de febrero de 2014

Escaleras al cielo

Escaleras al cielo.


Sí, así es. Ves con dificultad a través del cristal de tu salón. Tienes sueño y estás cansado. Encuentras hojas arrugadas encima de la mesa donde dices trabajar. Y cigarros apurados hasta fumarte los dedos. Luego los apagas en una lata de mejillones reciclada, reconvertida para ser cenicero.

Esperarás que caiga la tarde y te desesperarás por no saber aprovechar el tiempo, mientras vas camino de otro cigarro al que darás dos caladas y olvidarás en esa apestosa lata.
Tal vez, después pensarás en bajar a quemar las grasas que te sobran. Pensarás en la mejor opción con miles de variables: rentabilidad temporal, comodidad corporal... Y volverán las oscuras opciones a complicarte la decisión. Eres una maldita duda con piernas y un pulmón lleno de aire negro. También eres un corazón que late con disfunción rítmica y una cabeza con más pájaros que nubes e ideas. Te ilusionas con la brisa y con el final de la brisa te llega el azote de la desilusión. Eres un maldito creyente y un bendito incrédulo. Y viceversa.

Te asomas a los cobertizos de las terrazas de tus vecinos para tener un poco de intimidad. Te gusta mirar la vida que podrías llevar si tus decisiones fueran distintas. Crees que te has equivocado en todas ellas. Siempre elegiste la opción menos correcta. Pero has vivido para poder escoger. Otros no pudieron y aún hoy, en mucho lugares del planeta siguen sin poder hacerlo. Mueren por intentarlo. Mueren por poder escoger la oportunidad, la libertad, el no-silencio ante la opresión.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Hartazgo. Remedio, esperanza.

Te lo dejo escrito aquí y mañana me dices que te parece.  Estoy pensando en comprarme un terreno pequeño, no urbanizable pero en el que puedo poner una casita de madera. Tampoco demasiado grande. Las grandes aventuras se viven fuera. Es una de mis ilusiones más añejas. Recuperaré mi infancia entre naranjos y ruedas pinchadas que me hacían llegar de una piscina a otra cuando aún no sabía nadar y donde el verano duraba hasta que la escarcha de octubre tocaba el suelo de mi terraza de granito rojo y tocaba vestir de pantalón largo para ir al cole. 

Te invitaré a mi casita de madera en plena naturaleza. Junto a ella construiré una especie de cuevas, insertadas en las montañas que nos protegen del mundano ruido de la prisa y el egoísmo. En esas cuevas la gente podrá refugiarse de la desesperanza y la desilusión, que llueven  ahora con tanta fuerza como las tormentas que arrasaban los primeros calores de la primavera, recordando que era pronto para quitarse las ropas del invierno. 

En ese lugar que me verás crear, porque creo, creí y creeré en él, la gente estará a salvo para que quien quiera leer sin medir el tiempo, tenga toda la literatura que sea capaz de imaginar; en esa parcela habrá espacio para trabajos que hagan sentirse útiles a las personas, compañeros a quienes fomentan la solidaridad y tan arrinconados y excluídos a quienes no quieran sumar ideas, voluntades, alegrías...

Lo voy a luchar y lo voy a conseguir. Estoy seguro que sí porque estoy tan harto de todo lo contrario... Estoy harto de pesimismos, de lamentaciones, estoy harto de ver sufrir a la gente buena y que sea algo normal, estoy harto de no poder decir con orgullo que  lo hemos intentado hacer mejor, porque no es verdad. Estoy harto de ser egoísta y si los demás lo son ya llegará el momento en que se hartarán. Y si no les llega, que a nuestra casa no vengan, porque no les vamos a abrir. Estoy harto de estar harto y seguir callado. Quizá si nos damos a los demás un poquito más sin esperar nada a cambio, si nos damos por el placer de darnos, quizá encontremos la solución a lo que estoy llamando hartazgo. 

Es mi sueño. Cuéntame uno tuyo. Te quiero.    

domingo, 23 de febrero de 2014

Los tatuajes no me gustan

          Noche. Noche cerrada, de principios de primavera que se adelanta en el calendario varias semanas. Ya empieza a sentirse el desapego al frío de mediados de enero. Me estaba esperando desde hacía un buen rato. Yo llegaba tras un buen rato de ejercicio, llamémosle así a jugar un partido de fútbol, del que ya queda poco fútbol y más bien lo que queda está todo partido. Además el día fue funesto de intenciones llevadas a cabo: papeleos, recados a primera hora de la mañana que no acaban de cuadrar en mi mente improductiva y de vacaciones y hora y media de bicicleta por el paseo marítimo luchando contra el reloj, huyendo del hastío social y tratando de encontrarme de nuevo para escribir los encargos pendientes. Pero ahora era la hora de la noche. Relax.

     Me recibió en su mar de libros, que embravecido por el desorden de sus misterios y obligaciones, permitía que azotara con las olas de títulos de diversos años, sus momentos de soledad y compañía, sus momentos de intensidad, de independencia, de miedo.

     No la imaginaba así, pero fue mejor que en mis mejores visualizaciones de ella en mi cabeza. Sabía que era pequeña, intuía cierto carácter rebelde, de su sonrisa perfecta nada puedo matizar, con cara de niña y con cuerpo de adolescente, su mentalidad era la de una luchadora, que ha sabido luchar.  Tenía la piel tatuada hasta el corazón. Lo recuerdo porque en algunas de esas fotos publicadas que no me gustaban demasiado de su perfil, veía la inspiración manchando sus piernas y su muñeca izquierda. Otras de sus fotos magníficas, no las puedo dejar de mirar ni aún con los ojos cerrados. Son pura atracción, imán para las letras que pueblan mis manos y mi estructura mental.

     Ahora la veo, la recuerdo cerca de mí, a pocos centímetros de compartir la noche que sigue siendo joven para los dos y con su ropa de estar por casa, cómoda, desenfadada, sonriendo, tranquila, preciosa, perfecta, con sus gafas de pasta y su botella de agua, con el modo relax en pleno funcionamiento, atrayéndome con sus historias, con sus anécdotas y sus inquietudes. Me invade y me acomoda a su lado. Me siento tan tranquilo que es como si la conociese de toda la vida. Me encanta. La encontré en una huida hacia delante que compartimos. Me encantaría saber quién es y dónde ha estado todo este tiempo. La descubriré en el camino a casa, mientras escribo estas palabras, que ahora pienso y me gustan.

     No hay más, pero tampoco quiero menos. Es otra "amarilla" que ha escarbado con sus pies de runner en la malaria de mi curiosidad y aunque todo fuera una ráfaga de viento en una tarde oscura de febrero, sus consejos y sus muecas me llenarán las páginas de marzo o abril. Después ya veremos. Siempre quedan muchas carreras que correr, muchos kilómetros a los que enfrentarse, algún entrenamiento que compartir, algunas bicicletas que pagar a plazos, pero sobre todo lo que nos queda es escuchar juntos música se Saint-Germain entre vasos de agua.

sábado, 22 de febrero de 2014

Ciudades invisibles, mujeres ciudad.

          Reescribiendo esta entrada por tercera vez, me daban las tantas de la tarde y frustrado rompí mi móvil contra la pared y luego contra el suelo, para rematarlo, por si quedaba algún pedazo de pantalla o de memoria interna sin astillar. Memoria de sobra y mala leche también de más.

     Y todo esto, por qué? Pues muy sencillo: había encontrado el punto exacto en la colcha de mi cama el lugar donde se posa el sol de media tarde; la música sonaba perfecta y sonaba la perfecta música por debajo de mi teclado del móvil en el que estaba escribiendo las frases más certeras sobre el tema escogido y de repente una llamada entrante que contesto por intuición y por curiosidad, borra de un plumazo 50 minutos de maravillosa inspiración al borde de la ensoñación, el jazz y un redescubierto Julio Cortázar.
     La rabia máxima fue no haber guardado en esta maldita aplicación de Blog, el texto escrito hasta ese momento de la llamada. Y es mucha la rabia cuando hablas de un redescubrimiento como el que he hecho en la estantería de la casa donde vivo alquilado y lo que escribes te gusta, con lo raro que resulta eso en mí.
     La cuestión es que hablaba de 3 pasiones inducidas en mi vida como vacunas contra la hambruna salvaje de finales del siglo XX y que aún en el XXI no hemos sabido curar. Me estaba dando la vida haber encontrado el último libro publicado en nombre de Julio Cortázar, "Papeles inesperados" y que mi compañero de piso, un argentino al que valoro por sus ideales, capacidad empática y de concreción en sus pensamientos compartidos conmigo, me recomendara escuchar un programa de RNE, "Café del sur", dedicado a las ciudades invisibles. Un programa dirigido y locutado por un periodista italiano apasionado de la música argentina, emitiendo en la radio pública española, cerrando con este dato el círculo de curiosidades y extrañas coincidencias.

     El programa empezaba con unas palabras del escritor argentino. Como homenaje a su obra, su figura y su legado más alla de sus escritos en este 30 aniversario de su fallecimiento. Su voz fue el inicio del camino para conocer algunas de esas ciudades invisibles.
     Ciudades que se aman, se dejan amar, ciudades amadas. Ciudades perdidas, ciudades que albergan sentimientos y que protegen a quienes las habitan. Ciudades que poseen el encanto y la hermosura de la necesidad de ti y de mí, ciudades que te matan cuando llegas y más aún cuando te marchas, que lloran tu pérdida y te reciben con su mejor luz cuando decides regresar. Ciudades que se pintan los puentes y se cuelgan sus mejores galas, que se visten de fiesta y te quitan las penas con un soplo de aire fresco, de su aire sureño o de su acento del norte. Ciudades-mujer, mujeres-ciudad que sientes en cada beso bajo el aguacero de una tormenta de verano.
     Las ciudades de mar permiten a la libertad ser parte de las entrañas de quienes las viven. Pueden ser de blanca palidez en sus fachadas o de negrura luz en sus tejados. Ciudades que invitan al pecado y a la desobediencia social, ciudades que se revelan contra quienes las manipulan y las obligan a olvidar lo que son, lo que fueron y lo que debían ser. Mujeres ciudad, ciudades mujer que en un momento de la historia, cambiaron su rumbo y la impregnaron de su olor y le marcaron su sello. Mujeres que le pusieron al mundo su nombre, ciudades que le pusieron a la vida un destino.

     Como toda pasión que se mezcla, el resultado puede verse multiplicado en una sensación positiva o todo lo contrario, más bien envenenada. En este caso, las diferentes canciones de jazz alternadas con poesías de diferentes autores italianos, argentinos y británicos, fomentaron mi interés y mi encandilamiento por el tema y el programa. Diversos puntos de vista, diversos temas adyacentes al exilio de gentes que han vivido siempre donde les ha dado la gana... Libertad de movimiento, libertad de norte a sur, de principios hasta la moralidad, de negocios hasta la dignidad, de recuerdos hasta olvidar...
     Y de un exiliado que vivió donde quiso, a otro exiliado que murió donde pudo. Antonio Machado, 75 años después de perder la vida en Cotlliure, dejó sus "Campos de Castilla" en la memoria de muchos, en la sensibilidad de otros tantos, en el analfabetismo moral del resto.
     Un cruce de sensaciones, de libertades que chocan con la opresión, de expresión contra el sentimiento. De no huir, porque amas a la ciudad que te acoge y de escapar de los brazos de la ciudad que te persigue por pensar diferente.
          Desde este humilde teclado (ahora ya desde la tablet, pero procuraré no escribir nunca más sin guardar lo que escribo, si lo hago desde el móvil) en el que siguen sonando canciones de jazz que recuerdan a las bellas mujeres que las inspiraron, a las bellas ciudades que las vivieron en algún momento en vivo y en directo, dejo estas palabras y el enlace del programa en cuestión para quien lo quiera saborear con el mismo gusto que lo hice yo ayer mientras pensaba en una ciudad concreta. Una ciudad que se baña en los mares cálidos del trópico, que se dejó colonizar por el verde de sus colinas bajas, que se tiñe al anochecer de raíces negras, que vive buscando en sus ascendentes del norte las explicaciones que le digan porque se vive tan mal allí donde hay de todo. Ella es una ciudad independiente, republicana y hasta puede llegar a ser faltona en sus gamberradas callejeras. Me ilusiona volver a verla en breve porque ella es uno de esos lugares donde me escondo cuando no todo va bien. Esta vez regreso a ella satisfecho porque en ella aprendí a besar de nuevo. Ella es mi ciudad invisible.

12 de febrero de 2014:

http://www.rtve.es/m/alacarta/audios/cafe-del-sur/cafe-del-sur-ciudades-invisibles-16-02-14/2400271/?media=rne


jueves, 20 de febrero de 2014

Los espejos y los Besos de fin de mes

          Un chispazo enciende las luces apagadas de esta ciudad, tan maldita y tan hermosa que me da asilo laboral y nostálgico. Madrid, tan grande y tan lejos de ser en lo que te quieren convertir. Museo de grandes derrotas y de todavía mayores triunfos. Aquí me tienes, con lo que me cuesta y aquí me tienes.  
     Los arandeles pagados para llegar hasta aquí, los dejé encima de la cómoda de mi habitación, en casa de mis padres, 435km a la derecha del mapa, desde el punto en que ahora escribo. Pero esos arandeles abonados por adelantado, cada vez que me toca subir a un tren, a un autobús o a un avión y dejar mis raíces donde me crié, de algún modo me hacen fuerte, me convierten en lo que seré tarde o temprano. Y no por eso dejan de doler en ciertos momentos, los pinchazos de la melancolía y la distancia, del miedo, del vacío, del adiós.  
     Cada vez que vuelvo a casa, llego con alegría; me mantengo con cierta tranquilidad los primeros días y acabo necesitando volver a mi rutina, lejos del hogar paterno y materno, creyendo que por eso seré más mayor, creyendo que por eso me haré de una vez por todas más maduro. Pero nada de eso es verdad. A los 20 metros de haber arrancado el tren, de haberse puesto en marcha el autobús o de haber despegado el avión, quiero volver para abrazar otra vez a mis padres, necesito sentir que aún conservo en este mundo a alguien que no me fallará nunca. Aquellas islas de sinceridad de las que tanto habla en sus libros Albert Espinosa. Personas que son islas, islas que lo son de sinceridad... Cuánto bueno me ha dado Albert Espinosa y como llegó a través de una de sus fans más leales y que a su vez es mi primera "amarilla"/ isla de sinceridad. Más que Rosa, eres Manuel, en mi historia, en mi mundo irreal.
    Pero volviendo a los primeros que no me han fallado nunca, mis padres, ellos son quienes han iniciado el camino hacia delante. Su respeto, su lealtad, su valor,... sus valores y su forma de transmitirlos, a través del ejemplo y la sencillez, a través de la lealtad y la confianza mútua y plena, es lo que me mantiene en pie. Y ahora que llega el final de febrero y llego justo de fuerzas, siento que necesito los Besos, en mayúscula y eternamente suaves de mi madre y los abrazos con los ojos cristalinos que mi padre me regala. Necesito en los últimos días de este maldito mes, el peor mes del año, un último chispazo para volver a encenderme y no encontrar resquebrajada mi zona de comfort, allí donde la tenga alquilada este mes.  
     Me cuesta asimilar el gusto amargo en estos días que le quedan a febrero de la derrota de mi "yo" mayor y responsable. Sigo siendo un crío, de 30 años, pero un crío. Me he ido lejos, más lejos de lo que nadie de los míos ha ido jamás. He roto las barreras,  espero, para una familia demasiado trabajadora y humilde, que no pobre, porque siempre hemos tenido lo necesario para ser felices y seguir soñando con tener más. Hay quienes no tienen esa suerte, lo tienen todo y sólo les queda quedarse con lo que no es suyo para tener algo novedoso que añadir a sus arcas, cuentas o inventarios.  
     Pero en un último regreso a casa, retomando mis cuestas de febrero y a lo que no quiero dejar de mirar de frente, con atención y con ganas de superarlo, es a mis temores. Quiero superar febrero por mis propios méritos y llegar a marzo vivito y a abril coleando, por mis "saber hacer", por mi incapacidad ante la claudicación.
     Llevo días escribiendo sobre las circunstancias actuales que me rodean: niveles máximos de exigencia, análisis desde arriba y por debajo, mediciones de perspectivas, futuro, afectividad y ensoñación. Entiendo que explicadas las carencias admitidas de talento y de memoria, suplo a éstas con trabajo, tesón y positivismo. Animación y seguimiento, objetivos de media tarde y mes entero a punto de no cumplir. Revolución en la sauna donde pienso tras 6 horas de trabajo, 2 horas de ejercicio y unas cuantas conversaciones que me ilusionan y me desilusionan por igual y por momentos.
     Y de repente me doy cuenta de que el tono me ha cambiado otra vez, ya no escribo con pena, ni tampoco con alegría, escribo porque me encuentro entre mis palabras, me desahogo, me evado, me revuelvo entre las mantas de mis pensamientos más gatunos y mis ideas más felinas. Pienso en grande, quizá no sé hacer otra cosa que pelearme con las almohadas y con las letras. Soy un vago de mente, un tozudo de orgullo y un altivo de vida. Me gusta presumir, soy curioso e inconstante, atiendo a las personas con mi mejor sonrisa, contagio mis energías, cuando no me las arrancan tras una puñalada trapera, a todas las gentes que se cruzan por mi camino. Y si no consigo cambiarles el gesto, al menos les regalo un motivo para hacerlo: reírse de mí, burlarse del estúpido que va siempre con la cara alegre, caiga la que caiga y con la que está cayendo, no es poca cosa.
     Me da igual, mientras mis padres me sigan abrazando y me sigan dando besos, volveré a casa de vez en cuando, sobre todo a final de mes, sobre todo en febrero que es un mes tan malo para los que nos da por sonreír a pesar de todo y al mirarnos al espejo hacemos reír a nuestro "yo " más pequeño que sólo busca paz y comprensión para salir a jugar de vez en cuando, con permiso para usar nuestro cuerpo de adulto/mayor.
Cuántas sonrisas quedan por descubrir en los espejos...sonriámonos en ellos!

Ultimátum

No quiero un buen día únicamente, no me basta ya, ni pretendo estar bien por un rato. No me conformaré con la intención sin conseguir mis resultados, ¿qué digo? Sin conseguir mis objetivos! Empezaré de cero una vez más y será la última oportunidad que me doy: si no soy lo que se espera, no estaré donde no he sabido ganarme el respeto. Daré la razón a quien, esperando mi caída como ave de carroña, me da o no su confianza y aprueba o no mi capacidad. Si es que no, habré fracasado y antes de que me lo recuerden, sé cuando toca decir adiós. También sé que toca ponerme a prueba. Toca ultimátum y remontada: superar el reto de ganar la batalla final, "ser o no ser, esa es la cuestión"... Pero yo iría más allá: "Ser o no ser, estés donde estés y con quien estés".
Pero hoy intentaré empezar por la salud: solucionar los problemas de mi pierna derecha, bajar los niveles de glucemia glicada, operar esta rodilla que no me deja más que momentos de mucha reflexión y de mucha cantidad de minutos. Debo saber aprovecharlos y concienciarme de que no se trata de buenos o malos instantes, si no de cómo emplearlos y cómo reaccionar ante la bajada definitiva del telón en este o aquel escenario, cómo evitarla, primero y cómo, si llega el caso, reaccionar a continuación. Recoger los bártulos, si fuera necesario, y empezar en otra ciudad, tras otras bambalinas, cambiando el rol y el personaje, modificando las expectativas... Pero nunca dejando de valorar por encima de todo la vida. Caeré o no. Intentaré que sea que no con todas mis fuerzas, pero si caigo, nadie va a dudar que me levantaré. Porque tengo mil razones, mil palabras y otras tantas ganas de seguir luchando aquí y donde sea.

P.D: Estar de baja cuando empieza el buen tiempo es como perder el conocimiento por exceso de acumulación de sangre justo antes de desvirgarte por tercera vez en la vida, ante una belleza inusual.
P.D(2): Ambas cosas las he vivido!
P.D(3): De ambas circunstancias espero aprender!

domingo, 16 de febrero de 2014

Estúpid@s

La manipulación es un arte habitualmente conjugado con el sexo femenino. Es definido y así se entiende como la culpabilidad asumida con una falsa modestia, se disfraza de autoimputación parcial de algunos hechos para presentarse como inocente de la estrategia y la encerrona a la mayor.
En mi caso, que para eso os cuento yo, aquí, mis experiencias, otros u otras que os cuenten las suyas en otros lugares, pues como iba diciendo, según mi realidad empírica he aprendido tanto de las mujeres, de cada una de ellas, que me han arañado la espalda y hasta a veces la mochila. Y por ello ahora identifico con sutileza y disimulo las mentiras y las capacidades que hay en sus argumentos. Igual defienden "A" que su opuesto, con la variabilidad que se puede desprender por ver un par de zapatos, dos tiendas más arriba o más abajo, según vengas o vayas a Sol desde Carretas o Preciados.
La manipulación es el arte de esconder entre sus faldas y sus blusas, tus motivos y tus preocupaciones, sean como sean, vengan de donde vengan. Hasta la mujer más lerda domina el mundo con un buen par de tetas y dos frases bien aprendidas. Estúpidos hombres y mujeres que se dejan llevar por la insinuación y el sexo a las primeras de cambio. Si lo que nos cuesta, nos gusta más y suele durarnos más tiempo entre las piernas...
La manipulación es hacer creer que quien manda es quien toma las decisiones en voz alta, es hacer creer al estúpido, el más listo de los tres...

Nota_22: Me encantaría

Nota 22:
07/02/2014
Madrid.
01:54 horas.

Cierta lluvia plomiza cae y cubre mi cara con amenaza de crecer en intensidad y duración.
Salgo del bar donde acabo de escuchar un monólogo repleto de chistes fáciles, recurridos y exprimidos hasta cansar la risa de los presentes y la mía también. Humo de cerveza y barrio viejo que ya no encajan con mis horarios de despertar temprano y madrugar al día siguiente.
De repente, de nuevo en la calle y con la cabeza sobre mis hombros, me da por pensar en que me encantaría contarte que ando de nuevo en lo de escribir por las noches, a golpe de entrada o de nota de texto en el móvil, de camino a casa, cuando paseo en el límite de la embriaguez y de la sorna.
Te lo digo a ti, ya sabes quien eres y donde estás. No eres alguien concreto, ni mucho menos alguien a quien culpar ni exculpar de nada. Ni todo lo contrario.
     Me encantaría encontrarte, casualmente por la calle y decirte lo feliz que soy y que me contaras los motivos de tu felicidad tan aparente.
     Me encantaría frotar las lámparas de tus genios (el bueno, el malo y también el de su primo el de la mala leche) y comentarles que no me hace falta pedirles nada, que encontré el secreto y apliqué las fórmulas del respeto y la admiración que intenté enseñarte.
     Me encantaría descubrirte entre las páginas de mis novelas, las que leo e imagino, sin pudores y sin tropezones en la salsa brava que mojaba las fotos de mi Instagram y mis recetas, esas que nos hacían chuparnos tus dedos y los míos, mutuamente, recíprocamente.
     Me encantaría decirte que ya no sueño con soñar. Sueño simplemente con repetir cada día la locura de inventarlo de raíz, entero, hacerlo como lo hago, diferente, macabro, divertido, sin normas, dentro de la legalidad de los besos, de uno en uno o como mucho, de cien en cien.
     Me encantaría que tropezaras otra vez en mi puerta, tras tus mil kilómetros de retraso y dos mil días de ausencia para explicarte que gracias a tus deseos, cumplí los míos, que gracias a tus anhelos, despojé mis penas, que gracias a tus logros, descubrí que los que conseguí no eran poca cosa, sólo que escondidos en las costuras de las fotos, debajo de esa capa de papel mate y papel secundario, lucían poco a los ojos de quien no quiere ver.
     Me encantaría felicitarte y que me felicites por la consecución de mis proyectos que empiezan a cumplir años, como tu y como yo.
     Me encantaría decirte la verdad de lo que siento cuando veo que soy capaz de todo.
Insisto.
Te lo digo a ti, ya sabes quien eres y donde estás. No eres alguien concreto, ni mucho menos alguien a quien culpar ni exculpar de nada. Ni todo lo contrario.
Hoy no corro, pero camino con paso firme y más seguro. Quien quiera que me acompañe y le cuento lo que pienso cuando corro.