domingo, 27 de noviembre de 2016

Un sueño bastante raro



He tenido un sueño bastante raro. Os cuento. Resulta ser que soy un tipo antisocial, con muchos ideales que como pájaros que vuelan en mi cabeza, acaban depositando sus heces en mis manos y en mi moral. No es que sea un tipo gracioso, ni el hombre más bello de la tierra. Ni de lejos. Pero no me considero mala gente, un poco vago, sí y sobre todo peleón, de los que escucha aunque sean barbaridades lo que toque oír y luego, acertada o desacertadamente emite un veredicto, crea una opinión, expone un prejuicio ( "pre" por aquello de no escuchar, habitualmente, las dos o tres partes implicadas o las que sean).

Me meto en el meollo de la cuestión y me requiso el orgullo para esta ocasión. Toca disfrutar. Es una cena donde encuentro todo tipo de ex: Ex amigos de categoría infantil, ex familiares, ex compañeros de celda, ex amigos de toda la vida, ex hermanos para las aventuras, ex novias que nunca debieron serlo, ex profesores que tampoco debieron serlo, ex parejas que nunca deberían haber sido ex... En fin, un montón de gente invitada a no sé qué tipo de fiesta creada por mi subconsciente.
La molestia es ser ignorado por mis propios SIMS. Al cabo de un rato de soñar, sigo soñando, veo el despertador de reojo, son las 06:33 horas de la madrugada de un lejano 08 de diciembre de 2014 y apenas entiendo porque he venido a esta fiesta. Hay eventos a los que no hay que acudir aunque seas el organizador-creador. Y lo siento todavía con más fuerza, ahora que llevo un tiempo analizando aquello de estar en el mundo al que se pertenece. Llevo tiempo cicatrizando las heridas de aquella aventura de estar donde no se debe.

Voy vestido con una camisa a cuadros de esas que puedes utilizar como sobre camisa o "a pelo". Y debajo un pantalón de runner, vamos, de salir a correr. Corto, muy corto. Demasiado corto. Con él, se me ven hasta las heridas de cada pinchazo de adrenalina que me doy antes de cada comida para aguantar el ritmo de un mundo que me aburre y del que soy adicto.

Los músculos han decidido darse de baja de mi cuerpo, al igual que mi sonrisa. Por eso he tenido la obligación idealista de comprarme unos músculos nuevos, un poco más grandes que los que tenía adheridos a mi piel. Y una sonrisa nueva, mucho menos pronunciada que la que solía lucir, pero más sincera y que he adoptado como la verdadera forma de expresar mis sensaciones.

Acaban los actos, las celebraciones, acaban los días y los meses, los años pasan como si no les importara pasar y con ello van pasando los sueños y los engaños. Ambos son mentiras que nos decimos a nosotros mismos para soportarnos frente al espejo.

No entiendo la frustración que se supone que siente ese que soy yo. Le veo desde enfrente de mí mismo y a veces me reconozco, me soporto, incluso hay momentos en que me llega a gustar algunos de sus ideales y pensamientos. Pero la mayor parte del tiempo creo que me pasa como al resto de los que le/me rodean: No soportamos su apariencia de arrogante engreído (aunque sólo sea un disfraz en el que cobijarse por su timidez indiscutible), su cara seria de poco amigos (y cada vez menos) y sus manos llenas  de palabras que nadie le oirá decir pero que algunos sí que leerán tras un epitafio corto pero aún lejano para ser usado: "Sí, fui yo, lo reconozco. Ahora es tarde para culpas y penas".

Que tengáis un buen despertar de los sueños de la realidad. Como veis yo me he levantado rajado por la mitad,  por la cuchilla de mi propio veredicto. Pero a pesar de todo, aprecio la vida porque hay "más de cien mentiras que valen la pena...".