Fue un regalo por envejecer con el corazón tierno y un pacto a lo Dorian Grey con el matiz de una cojera atemporal. Este libro y su autor se dejaron caer en mis manos y me embadurnaron de candidez e ilusión el reposo de mi incapacidad para el trabajo que en estos días sufro. Mathias Malzieu con sus juegos pictóricos y sus trazos de letras con frases sencillas, me ha llenado de luz tibia y adolescente la rutinaria vida adulta de ir deprisa y olvidar todavía más deprisa la ilusión del hechizo que supone el amor a primera vista y sus consecuencias para nuestra forma de actuar.
Estas historias que se cuecen en la pubertad y después, mucho después de ella, cada uno a su ritmo, son las que nos marcan para todo lo que vayamos a vivir en adelante. Cuando nos ofrezcan su caldo sublime de dudas y otros éxtasis, intentaremos corregirlo, substituirlo o subsanarlo con otros excesos. Me ha dado por sentenciar esta tarde.
El vicio de leer,me trajo en este caso, letras francesas y amores universales que se acaban, por mentir. Contradicción absoluta. Las mejores historias siempre esconden alguna mentira que queremos creer. Me ha gustado tanto el libro, que por eso dejo este mensaje: "Uno: no toques las agujas (añadiría de tu vida, de tu reloj, de tu tiempo). Dos: domina tu cólera. Tres: NO TE ENAMORES NUNCA. La mecánica del corazón depende de ello". Cierto.
Si no vas a saber sufrir, no te enamores nunca. Si no eres capaz de ofrecerte, no te enamores nunca. Si no sabes mirar entre los reglones de la confianza y el respeto, no, no te enamores nunca. Si no respetas las reglas de una tarde lejos de casa, ¿qué clase de mendigo eres como para pedir la entrega, la pasión, el valor? La moral y los proyectos dejan de ser individuales, cuando dices estar enamorado. ¿O no debería ser así? Por eso, si no tienes dignidad, no te enamores nunca. Ya no por uno mismo. Por los daños colaterales y las marejadas de febrero que vuelven año tras año. Basura en la playa. Naufragios desmentidos. Si nunca estuviste al borde de un acantilado,no te enamores nunca sin previo aviso a los de tu alrededor. Esperarán tu caída, pero igual las olas te golpearán por sorpresa y te harán caer al mar de los que mueren por arriesgarse más de la cuenta. No arriesgues, joder. Que es posible que no te pueden rescatar a tiempo. Al fin y al cabo, enamorarse bien, enamorarse con todas las letras y con sus consecuencias es privilegio de unos pocos sanos de mente equilibrada. Aquellos que lo hacen todo bien: trabajo, coche, casa, familia, niños, amigos, otra casa, otro coche, otro trabajo, otra familia (incluída otra mujer u otro hombre, según sea el caso)... Más amigos!
Mi truco para saber si es un enamoramiento puro es el siguiente: si te organiza la agenda pero no el armario, llámale sexo. Y no, no te enamores todavía. O no lo hagas nunca, te irá mejor. Eres demasiado libre para que te metan en una jaula con las puertas abiertas. Cosecha de Calamaro.
Sí, ya sé que no me pega demasiado, con lo pomposo y empalagoso que soy. Pero como podéis ver, la mecánica del corazón a veces rechina, chirría por falta de azúcar y de emociones que lo hagan vibrar de una forma especial. Seguiré leyendo a Mathias Malzieu por si el sabor ácido de un mal final se marcha con otra historia de final feliz y no del obsceno. Pero por si acaso, escucharé a quien me regaló este libro. Viviré de puertas hacia fuera y soñaré de puertas hacia dentro. Porque es la única forma de intentarlo: con una buena dosis de realidad bajo el sol de Madrid y la mezcla de olores de pólvora y colores que encienden mechas inconsumibles por las calles de mi tierra. Huele a felicidad, huele a oportunidad, a despertar de una siesta. Pero no te enamores nunca, no te hace falta, ya te tienes, quiérete. Y si quieres enamorarte, no lo digas demasiado o no te creerán. Si no, al tiempo. Gracias Manuel. Por saber "ser" en cada momento.
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