domingo, 16 de febrero de 2014

Nota_22: Me encantaría

Nota 22:
07/02/2014
Madrid.
01:54 horas.

Cierta lluvia plomiza cae y cubre mi cara con amenaza de crecer en intensidad y duración.
Salgo del bar donde acabo de escuchar un monólogo repleto de chistes fáciles, recurridos y exprimidos hasta cansar la risa de los presentes y la mía también. Humo de cerveza y barrio viejo que ya no encajan con mis horarios de despertar temprano y madrugar al día siguiente.
De repente, de nuevo en la calle y con la cabeza sobre mis hombros, me da por pensar en que me encantaría contarte que ando de nuevo en lo de escribir por las noches, a golpe de entrada o de nota de texto en el móvil, de camino a casa, cuando paseo en el límite de la embriaguez y de la sorna.
Te lo digo a ti, ya sabes quien eres y donde estás. No eres alguien concreto, ni mucho menos alguien a quien culpar ni exculpar de nada. Ni todo lo contrario.
     Me encantaría encontrarte, casualmente por la calle y decirte lo feliz que soy y que me contaras los motivos de tu felicidad tan aparente.
     Me encantaría frotar las lámparas de tus genios (el bueno, el malo y también el de su primo el de la mala leche) y comentarles que no me hace falta pedirles nada, que encontré el secreto y apliqué las fórmulas del respeto y la admiración que intenté enseñarte.
     Me encantaría descubrirte entre las páginas de mis novelas, las que leo e imagino, sin pudores y sin tropezones en la salsa brava que mojaba las fotos de mi Instagram y mis recetas, esas que nos hacían chuparnos tus dedos y los míos, mutuamente, recíprocamente.
     Me encantaría decirte que ya no sueño con soñar. Sueño simplemente con repetir cada día la locura de inventarlo de raíz, entero, hacerlo como lo hago, diferente, macabro, divertido, sin normas, dentro de la legalidad de los besos, de uno en uno o como mucho, de cien en cien.
     Me encantaría que tropezaras otra vez en mi puerta, tras tus mil kilómetros de retraso y dos mil días de ausencia para explicarte que gracias a tus deseos, cumplí los míos, que gracias a tus anhelos, despojé mis penas, que gracias a tus logros, descubrí que los que conseguí no eran poca cosa, sólo que escondidos en las costuras de las fotos, debajo de esa capa de papel mate y papel secundario, lucían poco a los ojos de quien no quiere ver.
     Me encantaría felicitarte y que me felicites por la consecución de mis proyectos que empiezan a cumplir años, como tu y como yo.
     Me encantaría decirte la verdad de lo que siento cuando veo que soy capaz de todo.
Insisto.
Te lo digo a ti, ya sabes quien eres y donde estás. No eres alguien concreto, ni mucho menos alguien a quien culpar ni exculpar de nada. Ni todo lo contrario.
Hoy no corro, pero camino con paso firme y más seguro. Quien quiera que me acompañe y le cuento lo que pienso cuando corro.



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