sábado, 22 de febrero de 2014

Ciudades invisibles, mujeres ciudad.

          Reescribiendo esta entrada por tercera vez, me daban las tantas de la tarde y frustrado rompí mi móvil contra la pared y luego contra el suelo, para rematarlo, por si quedaba algún pedazo de pantalla o de memoria interna sin astillar. Memoria de sobra y mala leche también de más.

     Y todo esto, por qué? Pues muy sencillo: había encontrado el punto exacto en la colcha de mi cama el lugar donde se posa el sol de media tarde; la música sonaba perfecta y sonaba la perfecta música por debajo de mi teclado del móvil en el que estaba escribiendo las frases más certeras sobre el tema escogido y de repente una llamada entrante que contesto por intuición y por curiosidad, borra de un plumazo 50 minutos de maravillosa inspiración al borde de la ensoñación, el jazz y un redescubierto Julio Cortázar.
     La rabia máxima fue no haber guardado en esta maldita aplicación de Blog, el texto escrito hasta ese momento de la llamada. Y es mucha la rabia cuando hablas de un redescubrimiento como el que he hecho en la estantería de la casa donde vivo alquilado y lo que escribes te gusta, con lo raro que resulta eso en mí.
     La cuestión es que hablaba de 3 pasiones inducidas en mi vida como vacunas contra la hambruna salvaje de finales del siglo XX y que aún en el XXI no hemos sabido curar. Me estaba dando la vida haber encontrado el último libro publicado en nombre de Julio Cortázar, "Papeles inesperados" y que mi compañero de piso, un argentino al que valoro por sus ideales, capacidad empática y de concreción en sus pensamientos compartidos conmigo, me recomendara escuchar un programa de RNE, "Café del sur", dedicado a las ciudades invisibles. Un programa dirigido y locutado por un periodista italiano apasionado de la música argentina, emitiendo en la radio pública española, cerrando con este dato el círculo de curiosidades y extrañas coincidencias.

     El programa empezaba con unas palabras del escritor argentino. Como homenaje a su obra, su figura y su legado más alla de sus escritos en este 30 aniversario de su fallecimiento. Su voz fue el inicio del camino para conocer algunas de esas ciudades invisibles.
     Ciudades que se aman, se dejan amar, ciudades amadas. Ciudades perdidas, ciudades que albergan sentimientos y que protegen a quienes las habitan. Ciudades que poseen el encanto y la hermosura de la necesidad de ti y de mí, ciudades que te matan cuando llegas y más aún cuando te marchas, que lloran tu pérdida y te reciben con su mejor luz cuando decides regresar. Ciudades que se pintan los puentes y se cuelgan sus mejores galas, que se visten de fiesta y te quitan las penas con un soplo de aire fresco, de su aire sureño o de su acento del norte. Ciudades-mujer, mujeres-ciudad que sientes en cada beso bajo el aguacero de una tormenta de verano.
     Las ciudades de mar permiten a la libertad ser parte de las entrañas de quienes las viven. Pueden ser de blanca palidez en sus fachadas o de negrura luz en sus tejados. Ciudades que invitan al pecado y a la desobediencia social, ciudades que se revelan contra quienes las manipulan y las obligan a olvidar lo que son, lo que fueron y lo que debían ser. Mujeres ciudad, ciudades mujer que en un momento de la historia, cambiaron su rumbo y la impregnaron de su olor y le marcaron su sello. Mujeres que le pusieron al mundo su nombre, ciudades que le pusieron a la vida un destino.

     Como toda pasión que se mezcla, el resultado puede verse multiplicado en una sensación positiva o todo lo contrario, más bien envenenada. En este caso, las diferentes canciones de jazz alternadas con poesías de diferentes autores italianos, argentinos y británicos, fomentaron mi interés y mi encandilamiento por el tema y el programa. Diversos puntos de vista, diversos temas adyacentes al exilio de gentes que han vivido siempre donde les ha dado la gana... Libertad de movimiento, libertad de norte a sur, de principios hasta la moralidad, de negocios hasta la dignidad, de recuerdos hasta olvidar...
     Y de un exiliado que vivió donde quiso, a otro exiliado que murió donde pudo. Antonio Machado, 75 años después de perder la vida en Cotlliure, dejó sus "Campos de Castilla" en la memoria de muchos, en la sensibilidad de otros tantos, en el analfabetismo moral del resto.
     Un cruce de sensaciones, de libertades que chocan con la opresión, de expresión contra el sentimiento. De no huir, porque amas a la ciudad que te acoge y de escapar de los brazos de la ciudad que te persigue por pensar diferente.
          Desde este humilde teclado (ahora ya desde la tablet, pero procuraré no escribir nunca más sin guardar lo que escribo, si lo hago desde el móvil) en el que siguen sonando canciones de jazz que recuerdan a las bellas mujeres que las inspiraron, a las bellas ciudades que las vivieron en algún momento en vivo y en directo, dejo estas palabras y el enlace del programa en cuestión para quien lo quiera saborear con el mismo gusto que lo hice yo ayer mientras pensaba en una ciudad concreta. Una ciudad que se baña en los mares cálidos del trópico, que se dejó colonizar por el verde de sus colinas bajas, que se tiñe al anochecer de raíces negras, que vive buscando en sus ascendentes del norte las explicaciones que le digan porque se vive tan mal allí donde hay de todo. Ella es una ciudad independiente, republicana y hasta puede llegar a ser faltona en sus gamberradas callejeras. Me ilusiona volver a verla en breve porque ella es uno de esos lugares donde me escondo cuando no todo va bien. Esta vez regreso a ella satisfecho porque en ella aprendí a besar de nuevo. Ella es mi ciudad invisible.

12 de febrero de 2014:

http://www.rtve.es/m/alacarta/audios/cafe-del-sur/cafe-del-sur-ciudades-invisibles-16-02-14/2400271/?media=rne


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