miércoles, 26 de febrero de 2014

Hartazgo. Remedio, esperanza.

Te lo dejo escrito aquí y mañana me dices que te parece.  Estoy pensando en comprarme un terreno pequeño, no urbanizable pero en el que puedo poner una casita de madera. Tampoco demasiado grande. Las grandes aventuras se viven fuera. Es una de mis ilusiones más añejas. Recuperaré mi infancia entre naranjos y ruedas pinchadas que me hacían llegar de una piscina a otra cuando aún no sabía nadar y donde el verano duraba hasta que la escarcha de octubre tocaba el suelo de mi terraza de granito rojo y tocaba vestir de pantalón largo para ir al cole. 

Te invitaré a mi casita de madera en plena naturaleza. Junto a ella construiré una especie de cuevas, insertadas en las montañas que nos protegen del mundano ruido de la prisa y el egoísmo. En esas cuevas la gente podrá refugiarse de la desesperanza y la desilusión, que llueven  ahora con tanta fuerza como las tormentas que arrasaban los primeros calores de la primavera, recordando que era pronto para quitarse las ropas del invierno. 

En ese lugar que me verás crear, porque creo, creí y creeré en él, la gente estará a salvo para que quien quiera leer sin medir el tiempo, tenga toda la literatura que sea capaz de imaginar; en esa parcela habrá espacio para trabajos que hagan sentirse útiles a las personas, compañeros a quienes fomentan la solidaridad y tan arrinconados y excluídos a quienes no quieran sumar ideas, voluntades, alegrías...

Lo voy a luchar y lo voy a conseguir. Estoy seguro que sí porque estoy tan harto de todo lo contrario... Estoy harto de pesimismos, de lamentaciones, estoy harto de ver sufrir a la gente buena y que sea algo normal, estoy harto de no poder decir con orgullo que  lo hemos intentado hacer mejor, porque no es verdad. Estoy harto de ser egoísta y si los demás lo son ya llegará el momento en que se hartarán. Y si no les llega, que a nuestra casa no vengan, porque no les vamos a abrir. Estoy harto de estar harto y seguir callado. Quizá si nos damos a los demás un poquito más sin esperar nada a cambio, si nos damos por el placer de darnos, quizá encontremos la solución a lo que estoy llamando hartazgo. 

Es mi sueño. Cuéntame uno tuyo. Te quiero.    

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