sábado, 12 de abril de 2014

El destino de mi siguiente sonrisa

Yo sonrío en tu sonrisa, pero no por la tristeza de un rostro bello, sino por ser tú para mí y pretendiendo ser para ti, aire fresco que se cuela irremediablemente por las ventanas de la esperanza y del proyecto más ambicioso del mundo: vivir con todo y con tanto y sin nada más que una sonrisa en la siguiente estación. Si te conozco, habrá palabras. Si no te conozco, ojalá las encuentre entre tanta timidez. Si no, ya hiciste lo suficiente para ser parte de mi camino. La novedad, la duda de ser o estar aquí. Ya te sonreía sin tenerte en mi objetivo. Ahora, perdida o perdido en cualquier ciudad, rodeado de miles de millones de pasos sin pausa eres tú el destino de mi siguiente sonrisa. Espero que te sirva. A mi me has cambiado la vida para siempre. No hace falta caminar mucho tiempo al lado de alguien, para entender lo que te puede ofrecer, lo que te puede enseñar. Ya atrapé tu esencia o parte de la que me has querido mostrar con tu pestañear nervioso. También me apropié de la de los que volaron y a los que abandoné en su caminar. Ahora lo pongo todo sobre la mesa. Fotos, besos, dolores y muelas, payasos de circo para cumpleaños y billetes de barco, de avión o de tren. Déjame que le de un cuerpo y una forma. Sé dónde están mis límites y dónde quiero llegar. Si me enseñas tu sonrisa, una vez más, quizá me marche del lugar donde no he llegado a estar contigo. O quizá me quede para probarme, una vez más. La primera del nuevo millón de intentos. Probamos a sonreír por si nos encontramos en la mejor red social: los ojos sin miedo?

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