lunes, 12 de mayo de 2014

Como, si nada...


La nada más absoluta es nada comparado con la nada de tu nada.
Vacío. Silencio y si corresponde, algún... adiós.
Tu nada se compara a las tormentas más atrevidas del Apocalipsis y el sobresalto que provoca no sorprende tanto cuando se trata de hablar de ti, pero contigo y sin ti.
Eres la nada más completa, la nada total.
La nada sin rango, pero de categoría especial.

Entras en los atributos de los escarnios y fraguas el vendaval de las aceras.
Te permito ser tan nada, porque en realidad lo eres todo para mi.

Eres la quimera en la que creo, consciente del engaño que supones.
Te creo y me recreo en ello.
Te doy cuartel, te meto en mi cama,
te dejo que me domines con esposas de pereza y de conciencia,
supongo que mala, toda ella.
Y por fin, cuando todo parece que acaba y me levanto del sueño
envuelto en una nube de confusión, vienes a besarme con labios
que me dan lástima, orgasmos que cumplen su función,
sadismos a parte
y entre tanto ajetreo emocional,
la nada de la que sales es en la que yo vuelvo a entrar
cuando el sol desaparece,
cuando dejo de escribir por cuenta ajena
y me convierto en autónomo de mi patena,
de mi ostia y correligionario de los que escupen en el plato donde comen
y provocan las arcadas por la nada que tienen para comer...
Me cabreo conmigo mismo.
Me arrepiento de tocarte las narices,
de rascarte la espalda, de hacerlo con las uñas largas, larguísimas de los pies,
desde 7 ciudades más al sur
de donde quedamos para soñar
y aún con la dificultad de estar demasiado cerca para querernos,
te saco del hueco de mi tiempo,
para estar conmigo mism@.
Con todo y a pesar de lo que digan mis labios,
si tu nada me pica,
yo me rasco,
como(,)
si nada...

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